No hay cantidad de dinero, planificación, información ni recursos que puedan hacerme sentir preparado para lo que no quiero hacer.
Llega un punto en la espiral de excusas, lamentos, culpa, miedos, procrastinación y sufrimiento, en el que dejo de escuchar la voz de la víctima y empiezo a transformar la resistencia en acción y movimiento.
Cuando la acción tiene pulsión de vida y está alineada con un propósito claro, las cosas empiezan a mejorar, y empieza a salir a la luz la persona que en el fondo siempre fui, empiezo a ver de lo que soy capaz y de lo que me estuve privando todo este tiempo.
Soy yo el que sostiene las barreras que no me dejan avanzar. Para crear hay que tener las manos libres, y para eso hay que soltar.
Vivir no es un plan ni un resultado, es una decisión.