La psicología del dinero

Un gran libro para entender porque el dinero es un juego emocional.

«Gastar dinero para demostrar a la gente cuánto dinero tienes es la forma más rápida de tener menos dinero.»
—Morgan Housel

El Dorado

En la ciudad, el mapa es el territorio. Para llegar a destino, alcanza con conocer las reglas y respetarlas. Elegir una vía y seguir las señales, ser un buen ciudadano. La ciudad es una red de caminos prefabricados, convenientes y transitados.

La jungla es otro juego, porque tiene otro objetivo. Acá voy buscando, desmalezando, entre rocas y troncos caídos, cruzando pantanos, subiendo acantilados. No hay dirección ni caminos, es tierra virgen, salvaje, tan viva como yo.

Dicen que estoy loco. Dicen que ahí no hay oro...

Hacia el infinito

El mar, el cielo estrellado, la arena del desierto. El infinito es un concepto hermoso, es todo lo que quisiera ser y no soy.

El arte es una persecución infinita.

Pero hay una delgada línea entre ser ambicioso y ser cobarde. Ambición es tener una visión y trabajar día a día para alcanzarla. Ser cobarde es esconderse en la imposibilidad de alcanzar la perfección.

Me detengo solo por cuestiones de tiempo. Me impongo un final, arbitrario, pero real, tangible.

Elijo un territorio. El límite está lejos, y puede que no lo alcance en esta vida, pero existe, es humano. Y si es humano me compete.

Perseguir el infinito es perseguir la nada.

Nota del maestro

Estoy sentado en el patio con la computadora, sudando, soñando con irme a la playa en bici. El verano es pesado y lento pero se va volando, me gustaría que durara nueve meses más. Me gustaría que todo el año sea verano, o invierno, da igual, por lo menos no habría urgencia.

¿Será la urgencia lo que le da emoción a la vida?

No encuentro lo que busco. Está oscuro, no veo, no sé de dónde agarrarme. Escribo 900 palabras pero nada me gusta.

Me rindo.

Abro el libro de Annie Dillard y enseguida habla de una nota que le escribió Miguel Ángel a su aprendiz antes de morir:

«Dibujá, Antonio, dibujá, Antonio, dibujá y no pierdas tiempo.»
Artista y emprendedor

Tengo dos personalidades peleándose todo el tiempo. La que escribe y hace arte y quiere vivir filosofando, y la que piensa en negocios, ser pragmático y alcanzar objetivos.

El emprendedor piensa en el mínimo producto viable, el artista en el mejor producto posible.

El emprendedor no quiere perder tiempo ni desperdiciar recursos. Busca lograr más con menos, rendimiento y optimización. El artista sabe que persigue el infinito, pero sigue. Sigue porque no importa tanto llegar, sino descubrir, aprender, seguir jugando. Uno es eficiente y funcional, el otro idealista y obsesivo.

¿Pero serán tan diferentes, o yo no los estoy integrando?

¿No es esa la esencia del minimalismo? Mantener la calidad reduciendo el desperdicio.

Es lo que hago cuando escribo y cuando diseño cualquier otra cosa, buscar la versión más pura, eliminar el ruido y la contaminación, reducir al mínimo hasta quedarme con lo esencial.

Quizá debería dejar de pensar mi arte como un producto mejor o peor, y simplemente hacerlo y dejar que sea lo que es. Pedirle menos y darle más.

También escuchar un poco más al emprendedor. Para hacer arte necesito materiales; papel, lapicera, buenos libros, una computadora, internet, tiempo, paz mental, dormir bien, estar en buen estado físico, no tener que preocuparme por sobrevivir. Para eso es el dinero, para seguir haciendo arte.

Acción inmediata para una visión inalcanzable.

Los 5 libros que leí en 2025
  1. Cuatro mil semanas: Gestión del tiempo para mortales, Oliver Burkeman
  2. Los hijos de los días, Eduardo Galeano
  3. Arte y miedo: Peligros (y recompensas) de la creación artística, David Bayles, Ted Orland
  4. Los cuatro acuerdos: Un libro de sabiduría tolteca, Miguel Ruiz
  5. Comunicación No Violenta: Un Lenguaje de Vida, Marshall Rosenberg
El sótano

Hay un yo que no me gusta. Cobarde, egoísta, inseguro, ahogado. Un yo que no enfrenta sus problemas, no se hace cargo de sus decisiones, y señala en los demás lo que no le gusta de sí mismo.

Hay un yo que quisiera secuestrar y encerrar en un sótano. Me gustaría asesinar a ese yo, pero no puedo. Solo puedo dejarlo ahí, hasta que se muera de hambre.

Déjà vu

Acá estoy de vuelta. Cerrando, abriéndome.

El cambio es bueno, porque el cambio trae crisis.

La crisis enseña. Un ciclo comienza.

Declaración de independencia

Ser adulto es, primero, conocer mis límites y respetarlos. No puedo negar mis necesidades. No puedo negar mi naturaleza creativa, silenciosa y solitaria.

Segundo, recordar que mi vida no es solo lo que trae la marea. Yo también soplo y muevo el mar. No soy una hojita al viento. Soy la misma fuerza que mueve la corriente que me lleva.

Tercero es aceptar mi libertad. Soy fruto de mis decisiones. Soy una actitud. Soy lo que hago con lo que me pasa.

Trinchera

Dicen que no falta mucho para llegar al centro y tomar la ciudad, es un punto clave, puede significar la rendición. Estamos haciendo más entrenamientos con bayoneta. Hace tres días que no como, la ración tiene que alcanzar hasta llegar al río. A partir de ahí avanzamos sin cargamento, es más rápido y silencioso. Vamos a cruzar de noche. Hoy nos pasamos la mañana apilando cuerpos. Estoy cansado. No hay nada más pesado que un cuerpo, y que la culpa. Esta pradera me hace acordar al día en que nos conocimos. ¿Te acordás? Fue en verano. Vos tenías un vestido verde, te quedaba hermoso. Nos sentamos en el pasto a comer moras. No podíamos dejar de mirarnos y de reirnos. Nos dimos el primer beso. Me sentí invencible, me sentí inmortal.