Me está costando expresarme, o no estoy queriendo, no lo tengo claro. Últimamente he estado sintiendo que ya no tengo nada más que decir ni nada más que aportar.
A veces parece que escribir este blog es apretar un limón para exprimir el jugo con el que hago la limonada. Yo soy el limon, el jugo son mis emociones y la limonada es “el producto”, estas publicaciones.
No me estoy quejando, odio quejarme. La queja es la versión adulta del llanto que largábamos de niños cuando las cosas no eran como nosotros queríamos, es esperar que venga alguien a solucionarnos el problema.
La intención de hacer público este diario es compartir mi proceso de desarrollo personal. Quiero ser transparente y mostrar que hay un camino para llegar a cualquier resultado, y que ese camino no siempre es un paseo por la pradera.
El desarrollo personal es un trabajo emocional, el trabajo más difícil del mundo. Si cambiar fuera tán fácil no habría tantas personas intentando cambiar el mundo.
¿Alguna vez sentiste que nada de lo que hacés tiene mucho sentido?
Yo sí, me pasa de vez en cuando. No soy de piedra, no voy a hacerme el Mr. Motivación. Sincerarme conmigo mismo es la única forma de empezar a resolver cualquier conflicto interno. Sigo avanzando, pero no puedo avanzar si ni siquiera sé dónde estoy, eso es lo que suelo hacer en estas épocas del año, ver donde estoy y hacia donde quiero ir.
La próxima vez que te sientas desanimado perdonate, pero acordate que nunca vas a estar listo para lo que vale la pena, nunca vas a tener la vida resuelta y nunca vas a saber cuanto tiempo te queda de vida.
Así que hacé lo que puedas pero viví, nunca dejes de vivir.